Enclaustrados por Mary Bastidas

Titulo del libro: Enclaustrados

Autor: Mary Bastidas

Número de páginas: 81 páginas

Fecha de lanzamiento: August 27, 2017

Enclaustrados por Mary Bastidas

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Mary Bastidas con Enclaustrados

Virginia, una estudiante universitaria cristiana de Idiomas, conoce, en su primera noche en París, al hombre de su vida en la biblioteca más antigua de la Ciudad Luz solo para descubrir que se esconde de la policía porque ha cometido un asesinato. Su deber como cristiana la lleva a visitarlo a la cárcel para predicarle su fe y acompañarlo en su desgracia. La tarea no será fácil puesto que él es ateo y muy resentido. Sin embargo, su perseverancia en querer salvarlo de la condenación eterna logrará que el amor surja entre los dos. Un amor que será sufrido, fiel y paciente a pesar de los obstáculos.
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FRAGMENTO:

—¿La habría asesinado a ella también?
—La habría estrangulado con mis manos hasta que dejase de respirar... era lo que más deseaba en aquel momento: ¡asfixiarla! — contestó Darío con rencor e indiferencia.
—¡Basta! ¡¿Qué clase de bestia es usted?!
—¡¿Yo soy la bestia?! ¡¿Qué me dice de ellos?! ¡Ellos me engañaron! ¡Se burlaron de mí, y en tal caso, yo solo me defendí, actué en defensa propia!
—Arrepiéntase Profesor, de lo contrario, estará condenado para siempre.
—Ya le dije que no creo en Dios.
En ese momento, entraron varios policías y comenzaron a inspeccionar la biblioteca. Darío tapó su boca y corrió a esconderse con ella detrás del extremo del anaquel. Luego escucharon la voz del Inspector de la Policía percibiendo su acento francés...
—¡Profesor Darío Medina! Sabemos que se encuentra aquí. Se le acusa de haber cometido el homicidio del ciudadano Dominique Girard. Salga de su escondite con las manos en alto y entréguese. La biblioteca está rodeada, no hay ninguna forma de escapar.
Virginia lo miraba atemorizada, temiendo más por él que por su propia seguridad. Darío la miraba todo el tiempo en silencio.
—¡Tiene 30 segundos! — sentenció el Inspector.
Darío destapó su boca con delicadeza y se miraron en silencio por un momento.
—Es usted libre, Virginia, ya puede irse... no le harán daño. — exclamó Darío en voz baja.
—¡Arrepiéntase, Profesor! — susurró Virginia.
—¡Váyase! ¡Ahora!
Pero Virginia no se movía.
—Aún hay esperanza para usted... si tan solo confiara en Dios.
Vencido por aquella mirada tierna llena de terror, acarició su rostro enjugando, al mismo tiempo, las lágrimas que se desbordaban por sus ojos.
—Fue un placer conocerte, Virginia. ¡Que tengas una buena vida!
Besó sus labios por varios segundos y salió con las manos en alto, caminando despacio hacia el Inspector quien le apuntó con su arma. Los oficiales le ordenaron acostarse de cara al suelo con las manos en la espalda y procedieron a arrestarle mientras el Inspector le leía sus derechos. Virginia lo observaba todo desde su escondite, llorando en silencio para no ser descubierta. Darío la miraba en todo momento sabiendo que hubiera deseado ser acribillado al intentar un escape, de no haber sido por aquella mirada honesta en aquel rostro angelical el cual le dio una razón para seguir viviendo.

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